sábado, 25 de agosto de 2012

Paranoia hiperespacial


Cuando tras las líneas enemigas estalló la alarma ya era tarde para Pepper y sus chicos. Su frágil intento de flanquear el grueso de las tropas de Gadrick el Resurgido para llegar hasta él había fracasado. Ya solo restaba oponer flaca resistencia al Gran Príncipe Demonio y a sus huestes. Aún con tan mal pronóstico, el ánimo de Pepper no decayó, no por su estricta determinación en la batalla ni por su afán incontenible de sangre y fuego. Sino por su seca incapacidad para sentir cualquier cosa. Cuando sus espectros canópticos se vieron rodeados por un regimiento de caóticos adoradores de Khorne dirigidos por el mismísimo Lord al que habían ido a buscar, solo experimento cierta confusión (hasta donde era capaz de experimentarla) y poco después cambiaba su estrategia al clásico “aguantar y disparar”.

Desvelado tras la interrupción, el Príncipe Demonio regresó a su tienda legañoso y cabreado. La fugaz incursión necrona le había hecho levantar de su lecho sin apenas poder arreglarse. Se había lanzado a la batalla en pantuflas y ropa de dormir empuñando su Abrasaalmas (un espadón bastante pijo, regalo del mismísimo Mr. Khorne por cierto apocalipsis caníbal llevado a cabo para su gloria en algún planeta de la Franja Este de La Galaxia). Ahora regresaba demasiado excitado como para dormir pero demasiado cansado como para hacer algo productivo. Finalmente se acurrucó en su sillón preferido y rascó su peluda panza en honor de Slaanesh (dios de los más bajos placeres). Comenzó preguntándose por la misteriosa presencia de Necrones en su campamento, ¿acaso no era un ejército Tau lo que esperaba desde hacía una eternidad? Había pasado ya una semana desde que recibiera un holopergamino con una invitación cargada de grades dosis de ingenuidad de parte del Imperio Tau y de su general al mando, Mon O’Keylla. En ella ofrecían a sus Marines y a él mismo a una alianza con idea de alcanzar el “Bien Supremo” entre todos. “Alguien tiene que espabilar a estos hippies colgaos o van a acabar muy mal, muy muy mal”, pensó, “con suerte podré ser yo”.
Volviendo a los Necrones, ¿de dónde salían todos esos viejos latosos en aquél momento? Parecía probable que su acampada hubiese perturbado la paz de un mundo necrópolis subterráneo sin saberlo. En cualquier caso, no cabía duda de que se encontraba de mierda hasta el cuello, si no llegaban pronto esos perro flautas tal vez tuviera que enfrentarse primero a los Necrones y, quién sabe, quizás mermaran sus fuerzas lo suficiente como para tener que aceptar el tratado de los Hippies Espaciales por seguridad. Con la mente nublada por sus problemas, creyó conveniente dormir un poco para intentar verlo todo más claro por la mañana. Después de beberse un buen vaso de sangre caliente con canela en rama y unas gotas de limón, se metió entre sus sábanas y se durmió bajo la protectora mirada de los Dioses del Caos que le observaban desde los pósters de las paredes. Fuera de su tienda, los primeros rayos de la rojiza y agonizante estrella de Ghonis XII nacían de entre las cordilleras rocosas del Norte (de acuerdo con la peculiar rotación de Ghonis XII).

En alguna parte del subsuelo, el Phaeron Sehnsukh, de la dinastía Nekas veía frustrada su tentativa de asesinato sobre el general de las tropas acampadas en lo alto de su palacio que le estaban provocando unos terribles desconchones en la pintura del techo. “¡Mis frescos, mis frescos!” gritaba corriendo como un poseso instantes después de despertar del Gran Letargo gracias a un trozo de un mural que le había caído en los morros con las primeras sacudidas (este antiquísimo fresco representaba al dios de los Necrones creando a la primera necrona a partir del quinto metacarpiano del pie izquierdo del primer necrón). Con su intento de regicidio había pretendido dar una patada espiritual en los huevos al enemigo, con la idea de tenerlo aturdido para una sesión de violación anal (metafórica, por supuesto) a la mañana siguiente. Ahora solo le quedaba el placer de desarrollar un largo discurso aleccionador para la nobleza de su Corte, sobre cómo afrontar los golpes de la fortuna sin caer en las férreas manos de la desesperación y blablablá… Del Sehnsukh de antes de la Biotransferencia quedaban pocos retazos de genio militar pero su incontenible pedantería se había mantenido durante milenios y se había añadido el anhelo de sentir, lo que le llevaba a dramatizar exageradamente cuando creía que correspondía (según había visto en la telenovela que ponían después del Informativo Galáctico). No era raro verlo desmayarse en brazos de sus Necroguardias al ver pasar a una linda necrona, para esta ocasión, decidió encerrarse en su habitación con un gran cubo de helado de tiramisú (su preferido) mientras se sonaba el fluido hidráulico que supuraba de las juntas de sus fosas nasales mecánicas.

A la mañana siguiente, más allá de las cordilleras rocosas del Norte, Mr. Mon O’Keylla y sus guerreros del fuego avanzaban implacables a través de la desértica llanura que conformaba el 90% de la superficie del planeta. Enfundado en su armadura de combate, y gracias al moderno aparato de aire acondicionado instalado recientemente en su armadura en previsión de la campaña que estaba por llegar, O’Keylla pasaba el rato sin pena ni gloria, resolviendo crucigramas y sudokus a tutiplén (su módem solo funcionaba a ratos por culpa de aquellos condenados granos de arena que se colaban por todos los resquicios de su equipo). En vista de que la caravana llegaría esa misma tarde al campamento de las Hordas del Caos, O’Keylla había puesto a sus hombres a dibujar palomas de la paz mojando las palmas de sus manos en pintura para dedos (todos los regimientos Tau iban siempre bien equipados con estas y tantas otras cosas imprescindibles para sus campañas).

Al mismo tiempo, en el campamento, Gadrick el Resurgido era informado de la inminente llegada de los Hippies Espaciales y decidía dejar la organización de sus huestes demoníacas en manos de su fiel Heraldo Retone Aka Oner, un ancestral demonio menor, como indica su nombre. Aunque este hubiese preferido tirar la casa por la ventana e irse a vivir a Las Vegas, procedió obediente a rascarse la barriga (acción más que popular por aquél entonces) y a prestar más atención a los traseros de las Diablillas de Slaanesh que a ejércitos y regimientos. Al fin y al cabo, un ligero toque de Caos no iba a hacer ningún mal.

martes, 10 de julio de 2012

Estados

Alcanzar la felicidad es, en primer lugar, asumir el miedo a perderla
El ataque de la Voraz Bestia Bugblatter de Traal
Soy un tópico literario del tamaño de un edificio de oficinas
Luche por ti y contra ti, eso nos mató
Luchad por vuestras almas, no hay nada más importante
(Clicad en recargar para que el contador de visitas no se sienta inútil)
Maldigo el día en el que se me ocurrió este titulo ↑
Sehnsucht dice: Alístense en el ejército (ver mundo, conocer gente interesante, y matarlos a todos)
Siento no dar la talla.

lunes, 9 de julio de 2012

Diario imaginario de un triunfador imaginario



            -Amanece rojo, carmín, ensangrentado -afirmé, casi seguro. Estaba intentando escribir la primera línea de algo.
            -Solo para ti amanece así.
-Me gusta como suena.
-Pero no es real.
-¿Valdría algo si lo fuese? ¿Valdría algo el libro entero, si es que logro que lo acepten en algún sitio? Supongo que no sacaré un céntimo lo escriba como lo escriba, así que ya que no va a importar un comino, déjame centrarme en como lo quiero yo. ¿Quién sabe? tal vez te sorprenda.
-Está bien, hazlo como prefieras.
-Sabes que solo escribo por ti -solté el lápiz y la miré- me convenciste, ya has hecho lo que esperaba de ti, ahora es mi parte.
-Parece que escribes por mi culpa.
            -Es otra manera de verlo, pero no es menos cierto.
            -No me gusta.
-Ya te he dicho que no tienes porque que escucharme -volví a centrarme en la infinitud de la hoja en blanco.
-Quiero estar aquí.



Había intentado escribir desde los quince, conseguí mi primer texto decente a los veinte. Escribía poemas de un tono muy personal, sincerándome con el lector sobre mi pésima visión del mundo. No era muy bueno, pero tenía fuerza.
Mi primera obra fue una serie de inocentes poemas a un amor de instituto. Fue la última vez que escribí sobre ese tema. Una noche un tipo al que acaba de conocer después de irme de casa de mis padres me preguntó a que quería dedicarme ahora que estaba solo.
            -Me gustaría escribir -le respondí-.
            -¿Escribes?
            -Sí, poesía, relatos, lo que sea.
            -¿Escribes poesías de amor?
            -No escribo sobre amor -dije, dejando mi copa encima de la mesa- no más.
-¿Por qué?
-Está intoxicado.
-¿Cómo?
-Lo han llenado de mentiras, todos esos locos solo han dejado un cubo de mierda.
-¿Y sobre qué escribes entonces?
            -Sobre mí.
No era verdad, pero tampoco era del todo mentira. Escribía sobre mí y sobre los demás, porque no eran algo que pudiera sacarme fácilmente de encima.
-¿Acaso tú no te enamoras?
-Ya no.

lunes, 25 de junio de 2012

Libertad

Si desplazas la vista 5 centímetros tu derecha, verás (se borró hace tiempo, mi lista de tópicos) una lista de memeces que tienen la mala costumbre de aparecer por aquí y por mi cabeza. Hoy me he dado cuenta de que me falta la más importante, la Libertad, que para mí gusto debería escribirse siempre en mayúsculas o en cursiva, o de las dos maneras, si la cosa se tercia. Nunca llegaré a saber en que momento se convirtió en mi meta, pero desconocer su principio o su porqué no lo hace menos real para mí. Todavía tengo la esperanza de que la libertad me haga saber quién soy en realidad, algún día, tal vez...

Estoy hecho para odiar cadenas. 
Quizás por eso las veo tan a menudo.

Mirando alto

Mi mente produce la prosa más florida
admiro al cerebro que enlaza los versos
con soltura
miro con recelo las cadenas que atan mis manos
querría dejarlas volar.

Mi encierro corporal me agota
me duele al dormir
quiero explotar
libertad.

Envidio a los ricos
y a los muertos
no tengo fuerzas para ser
no soporto ser juzgado
ni la carga de agradar.

Han pasado años
y no soy distinto de ayer
lo merezco
lo pido
suplico
ódiame.

Nunca he merecido más de nadie
soy un gran cobarde
pero me amo tanto.

Ahora
algo en mi interior
grita que soy un cobarde crónico
que nunca cambiaré
pero solo tengo miedo
¿Y quién no?


Meh

Esos condenados concursos desmotivan a cualquiera.

miércoles, 20 de junio de 2012

Bukowski

Hank ¿por qué te fuiste?
Cuando aquél cáncer infernal 
te arrastró
me dejaste nacer solo.

Charles Bukowski "Hank"
1920-1994
Jesús García Jiménez
1994-